Seis meses: una minería que vuelve a mirar hacia el futuro.
A seis meses del inicio del Gobierno del Presidente José Antonio Kast, existe una convicción que para quienes conocemos la minería desde hace décadas resulta fundamental: Chile no puede darse el lujo de desaprovechar su principal capacidad productiva y estratégica.
La minería es parte de nuestra historia, pero sobre todo, es parte de nuestro futuro. Y en Antofagasta lo sabemos mejor que nadie. Esta región es el corazón minero de Chile y aquí las decisiones que se adoptan en materia de inversión, regulación, exploración y desarrollo de proyectos terminan teniendo un impacto concreto en miles de familias.
Por eso, más que enumerar anuncios, es importante mirar lo que comienza a cambiar y preguntarnos para qué estamos haciendo estos cambios.
El Gobierno ha definido un Plan de Gobierno para la Minería 2026–2030 con tres prioridades claras: entregar mayor certeza jurídica y promover inversiones, modernizar la regulación para agilizar proyectos sin rebajar los estándares ambientales y fortalecer la institucionalidad minera.
En estos primeros seis meses ya existen avances concretos.
La simplificación del régimen de patentes mineras, la modernización del Reglamento de Seguridad Minera y la implementación de la Ley Marco de Autorizaciones Sectoriales, apuntan a algo que quienes hemos trabajado por años en la industria conocemos muy bien: los proyectos necesitan reglas claras, plazos razonables y certeza para tomar decisiones de largo plazo.
Reducir burocracia no significa reducir exigencias. Significa hacer más eficiente al Estado, mantener los estándares ambientales, de seguridad, y evitar que proyectos que pueden generar empleo e inversión queden detenidos durante años por procesos que pueden ser modernizados.
La aprobación de medidas tributarias que buscan mejorar la competitividad de Chile y entregar invariabilidad a proyectos estratégicos también apunta en esa dirección. La minería compite internacionalmente por capitales y esos capitales buscan países donde existan condiciones de estabilidad y confianza.
Para Antofagasta esto es especialmente relevante, porque un nuevo proyecto minero puede significar inversión, pero también oportunidades para nuestros proveedores, más empleo, capacitación, innovación y mejores posibilidades para que nuestros jóvenes desarrollen su futuro en la región.
Lo mismo ocurre con los incentivos a la exploración minera y con la reactivación del Tratado de Integración y Complementación Minera con Argentina. La minería del futuro requiere descubrir nuevos yacimientos, incorporar tecnología, atraer capital y mirar nuestro territorio con una perspectiva que trascienda las fronteras administrativas.
También debemos destacar decisiones estratégicas como la capitalización del 100% de las utilidades de Codelco correspondientes al ejercicio 2025, equivalentes a US$2.422 millones, recursos que permanecerán en la empresa para fortalecer su capacidad de inversión.
Para una región como Antofagasta, donde Codelco tiene una presencia histórica y relevante, fortalecer nuestra principal empresa minera estatal, significa fortalecer una parte importante de la cadena productiva nacional.
Pero la minería no puede hablar solamente de grandes inversiones. Una minería verdaderamente comprometida con Chile debe mirar también a la pequeña y mediana minería, quienes trabajan sus faenas con esfuerzo y muchas veces enfrentan condiciones especialmente complejas.
Los programas de recuperación de faenas afectadas por temporales y las iniciativas de fomento impulsadas junto a ENAMI, apuntan precisamente a ese sector.
Reactivar una faena significa recuperar una fuente de ingresos para una familia, mantener la actividad económica en una localidad y preservar conocimiento y tradición minera.
Desde Antofagasta, queremos que esta nueva etapa tenga un sello regional. Aquí tenemos cobre, litio, capacidades humanas, proveedores, universidades, centros de formación y una experiencia minera acumulada durante generaciones.
Tenemos las condiciones para que la inversión se traduzca en desarrollo, pero debemos ser capaces de formar el capital humano que esa transformación requiere.
Porque, finalmente, la minería no se trata solamente de toneladas producidas, cifras de exportación o millones de dólares invertidos. Detrás de cada proyecto hay personas, hay trabajadores que esperan mejores oportunidades, jóvenes que buscan una profesión, emprendedores que quieren convertirse en proveedores de la industria y familias que aspiran legítimamente a una mejor calidad de vida.
Ese es, a mi juicio, el verdadero sentido de una política minera.
Después de casi cuatro décadas trabajando en esta industria, he aprendido que la minería exige visión de largo plazo, pero también capacidad para actuar en el presente. Hoy tenemos una oportunidad que no podemos dejar pasar.
Antofagasta está llamada nuevamente a ser protagonista. Nuestro desafío es que cada inversión que llegue, cada proyecto que avance y cada decisión que tomemos contribuya a construir una minería más competitiva, segura, sostenible y capaz de generar bienestar para nuestra gente
